Deja de querer tener siempre la razón

Pelear todo el rato por tener la razón es lo que no te deja ver más allá de tus narices: la resistencia nubla la posibilidad. Lo que te pone el pie es que crees que lo que tú has construido en tu mente es el camino seguro y definitivo, pero la vida puede cambiar en cualquier momento -mira la pandemia-, y si no tomas otra ruta, nunca sabrás dónde está la recompensa. 

No Hay Más Necio Que El Que Quiere Tener Razón.

Nunca llegarás si no te abres a la posibilidad de que la recompensa puede estar en un lugar distinto del que visualizaste. La rigidez de tus formas y tu pelea por tener la razón de: “así es, por aquí es, así se ve o esto debe suceder”, le resta magia a la acción que el Universo puede obrar sobre ti. La vida siempre te va a empujar hacia tu destino, el problema es que a ti no te gusta lo que hay en medio, pero hay precios que pagar, y quien resiste, se atora y no avanza. 

Tu recompensa nunca ha dejado de estar enfrente. Salte de la cuadratura de tus formas y explora los distintos caminos; pruébalo todo; ve y regresa; entra por un lado y por el otro. A veces se verá oscuro, difícil, cansado o rudo de atravesar, pero puede ser esa la dirección en la que encuentres la olla al final del arcoiris. 

Suelta el control de cómo se debe ver la vida.

Cuando queremos controlarlo todo e imponer “nuestra razón” nos perdemos de la posibilidad, el crecimiento, el desarrollo y la evolución del alma, la mente y el corazón. 

TODO ES UNA ILUSIÓN, por lo tanto, NADA ES SEGURO. Esto también nos lo demostró la pandemia. 

A lo largo de tu vida te despedirás de muchas relaciones, proyectos, personas y momentos que nunca imaginaste, pero ganarás nuevos negocios, nuevas amistades, relaciones inesperadas, sanación familiar y mucha magia. Esto no puede ser posible si no te atreves a soltar la idea de que está en ti controlarlo todo; al contrario, fluye y confía en que algo más grande está moviendo las piezas. Suelta el control; desdobla, escucha y redescubre la idea de todo lo que puede pasar. Es posible que te sorprendas de los regalos que hay para ti. 

Además, cuando te aferras a tener razón generalmente reaccionas, no respondes. Responder viene de la responsabilidad ‘la habilidad de responder’. Cuando respondes, sobre todo observas qué energía requieres utilizar para entrar al momento. Es un ejercicio de indagación acerca de lo que ocurre y tu propia interpretación. Te permites pensar la manera de accionar, y al mismo tiempo, quitar ‘la paja’ de juicio, creencias o suposiciones para observar el evento desde la neutralidad. 

Una respuesta oportuna consiste en tomar responsabilidad de lo que puedes hacer en ‘ese’ momento, qué parte te corresponde y cuál no debes apropiarte. 

Reaccionar, en cambio, viene del ego. Es la manera “fácil” de salirte de un momento incómodo. Te convierte en víctima y presa de tus emociones. En la reacción vas apagando fuegos sin detenerte a observar qué es lo que realmente ocurre. Es una conducta aprendida del ego. Tu mente es adicta a hurgar en el pasado para “encontrar” una situación similar en la que ya has estado antes para decirte cómo “protegerte”. La reacción es tu defensa, la manera de controlar la ola; gritas, te enojas, lloras, recriminas, tú sabes qué haces.

Lo que vive en ti es luz, posibilidad y amor. Lo que oscurece, opaca y apaga tu alma son las expectativas de un mundo de apariencias creado por tu ego. Pero tú puedes apagar tu mente, callar a tu ego y escuchar para descubrir nuevas posibilidades.

Marta Ro.

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