La diferencia entre cerebro, mente & ego

A propósito del tema del mes ‘Aprendizaje ON DEMAND’, durante octubre aprovecharé el espacio en el blog para contarles más acerca de las masterclasses que están disponibles por acá: ‘Los 3 Básicos de la Mentalidad’: Ego, Ley de Atracción & Yo Soy (Poder Personal). Pues bien, si ya están aquí -y quieren saber por qué estos son los básicos- sigan leyendo. Hoy les explico la diferencia entre las 3 entidades o conceptos que asociamos con la cabeza: el cerebro, la mente y el ego. 

El primer paso para entrar de lleno al universo del mindset, la conciencia y el crecimiento personal desde este lugar es comprender qué es y cómo actúa cada uno. No son lo mismo ni cumplen la misma función en lo físico y lo emocional que nos integra como seres humanos. Ahora, ¿por qué es importante saber lo que los identifica? Porque una vez que somos conscientes de cómo actúan en las distintas situaciones de nuestra vida sabremos qué reconocer en cada caso.

Todos los seres humanos poseemos cerebro, mente y ego, y actúan, digamos, al mismo tiempo, pues pensamos, asociamos, analizamos, interpretamos, tenemos creencias y actuamos; la diferencia es cuál de ellos está presente con más fuerza en los momentos que vivimos día a día, sobre todo en el caso de la mente y el ego. Es decir, biológicamente tenemos un cerebro que nos permite ‘existir’: respirar, comer, dormir, tener reflejos y toda la parte física que nos integra. Tenemos una mente que interpreta cada hecho que vivimos y un ego que ‘nos habla’ sobre esas interpretaciones. Nada está bien ni está mal; ninguno importa más o menos. Cada uno cumple su función y es así como nos movemos en el mundo.

CEREBRO

El cerebro es el órgano y la estructura que rige nuestra vida a nivel físico. Gestiona la actividad del sistema nervioso y es el encargado de cumplir todas las funciones de nuestro cuerpo. El complejo sistema neuronal por el que está formado regula los procesos cognitivos y está relacionado también con nuestras emociones; la capacidad de enamorarnos, de razonar, la memoria, la atención o la conducta. 

‘Existimos’ porque el cerebro se encarga de funciones vitales como coordinar el pulso cardiaco, el sueño, el hambre, la sed, caminar, etc, y de procesar toda la información que recibimos a través de los sentidos. En realidad todos tenemos -a grandes rasgos- muy claro qué papel juega el cerebro en nuestra vida humana.

De acuerdo con la ciencia nuestro cerebro nunca deja de aprender debido a su neuroplasticidad. Podemos aprender toda la vida. Cuando ponemos al cerebro en marcha con un nuevo aprendizaje o habilidad sucede un proceso en el cual las neuronas tienen mejor rendimiento y conexión entre ellas, lo que a su vez favorece que el cerebro sume este aprendizaje. Las conexiones neuronales no son circunstanciales sino que producen que las ondas cerebrales se expandan y lo estimulen.

Cualquier nueva actividad le pica los botones al cerebro, literal porque lo empuja a abrirse a nuevas experiencias. Cuando aprendemos algo el cerebro crece; el estado de ánimo mejora e, incluso, nuestra salud. Aprender también es formar un hábito porque lo hacemos una y otra vez, lo que inminentemente modifica el cerebro. 

MENTE

La mente es inasible pues es el resultado de los procesos que realiza el cerebro. Se compone de todo el sistema que se crea entre el cerebro de un ser humano y su entorno; la forman las experiencias, las vivencias y los problemas relacionados con la supervivencia. La mente es resolutiva desde su parte analítica y su parte reactiva: genera raciocinio, piensa, observa, recuerda y busca soluciones a los momentos de la vida. 

Son las capacidades intelectuales de una persona (la percepción, el pensamiento, la conciencia, la memoria, la imaginación, el entendimiento, el aprendizaje, etc.) Pero en ese camino de solucionar muchas veces nos mete en problemas. La mente es poderosa, por ello es que ‘toma’ el control de nuestra vida en innumerables ocasiones. Es ella la que nos hace creer que somos pura razón y resolución, pues regula el flujo de información y energía. Nos da evidencia de que lo que produce, es, a partir de crear una representación del mundo externo que sirve para responder con precisión a los acontecimientos que suceden. 

Pero ojo, la mente no es el enemigo; al igual que el cerebro, cumple con su función, la más básica, mantenernos a salvo. 

La mente puede desdoblarse y entrenarse, lo que llamamos mentalidad o mindset. Para modificar esa representación de nuestro mundo externo es posible mover y elevar la mentalidad de un ser humano. El mindset sí se contagia. Verán afuera lo que creen primero en su mente; por ello es importante rodearse de “otras mentes” optimistas, valientes, dispuestas, enfocadas en el ‘cómo sí’, etc. Recordemos que donde ponemos nuestra atención la energía crece. Comencemos por cambiar nuestro propio mindset para vivir otro mundo externo.

EGO

Quizá con el que menos estamos relacionados de manera profunda. Creemos que el ego es sinónimo de arrogancia (esta es sólo una manifestación del ego) o la valoración excesiva que alguien tiene de sí mismo, cuando es mucho más complejo. Me gusta llamarle ‘el mentiroso elegante’ porque ‘nos engaña’ para mantenernos siempre “seguros” en el mismo lugar. 

Para decirlo fácil: todas las veces que no se atrevieron a hacer algo fue por su ego diciéndoles: ‘Está mejor así, no le muevas. Te puedes dar en la madre’. 

Todos tenemos ego; de forma simple, el ego es la voz interna que siempre nos habla —y que les está hablando ahora mismo mientras leen esto—. No es una voz fonética; sólo existe dentro de nosotros guiando nuestras decisiones. A veces le creemos totalmente, pero no siempre nos dice la verdad absoluta. El ego no es más que la voz de su interpretación. 

¿Cuál es el papel del ego? En el sentido más primitivo, “cuidarnos”. Pero el ego juega también en nuestra contra, y es ahí donde nos tenemos que poner truchas. El ego nos previene de darnos en la madre porque limita ponernos en riesgo. Lo hace de dos formas. Dice: ‘Esto ya te ha herido antes, ¡corre!’ y ‘Esto no lo conoces, y por lo tanto, puede lastimarte, ¡corre!’. Hasta aquí parece que el ego nos apoya para ir en camino seguro, pero si miramos el otro lado, el ego pone el freno de mano para no ir por más.

El ego nos mantiene en un juego chico y no nos deja soñar en grande porque la única cara que nos muestra es la de que todo podría salir mal, y entonces, antes de aventarnos, ¡stop! 

Entrenar la mente en gran parte es entrenar el ego. Esa voz que nos da argumentos lógicos y válidos de por qué es mejor no arriesgar. Les comparto un ejemplo que me encanta y aprendí hace un par de años con un entrenador llamado Denis. Él hace una analogía fantástica que retomo siempre para explicar cómo es que el ego nos limita o nos hace ir más allá. Denis habla de los monos y cómo estos, en tiempos primigenios, se agrupaban, y para alimentarse, debían saltar por los frutos a donde estuvieran ¿Lo hicieron? Los monos que se aventaron por la fruta fuimos ustedes y yo, y hoy estamos aquí luego de una evolución. Ese es el poder del ego. 

No le hagamos caso cuando dice que no porque ¿y si sí? El verdadero poder del ego es que nos lleve a trascender, a ir por ‘eso’ aunque nos de miedo o sea desconocido. Lo valioso de tener ego es cruzar el puente de los temores de cada uno y trascender temas de su propia historia, e incluso, de quienes forman parte de su historia. Última lección: nadie ha conseguido nada grande escuchando a su ego.

¿Quieren saber más sobre estos temas y cómo podemos utilizarlos a nuestro favor en el camino de la mentalidad y el crecimiento personal? Los espero en las masterclasses ON DEMAND ‘Los 3 Básicos de la Mentalidad’ disponibles aquí

Si se inscriben antes del 15 de octubre, tienen acceso GRATIS a un zoom de Q&A conmigo en el que platicaremos más al respecto.

Marta Ro 

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