Las relaciones no son eternas

¿Cómo termino una relación, cómo sé que debo terminar una relación, cuánto duran las relaciones?

Estas preguntas que suelen aparecer cuando vemos, pero sobre todo, cuando sentimos cerca ‘el fin’ de alguna de nuestras relaciones, son sólo la mente tratando de acomodar las piezas para que el momento duela menos. La respuesta es que no hay respuestas. No hay cómos, notificaciones ni plazos establecidos para que las personas entren y salgan de nuestra vida; las relaciones, como nosotros, evolucionan y se transforman. 

A lo largo del tiempo nos han enseñado que “conservar” las relaciones, cuidarlas y entregarnos a ellas garantiza que se mantengan, al menos por un periodo; lo que casi nadie dice es que estar en cualquier tipo de relación toma chamba, y sin embargo, toda relación tiene ciclos. Esta idea de mantener, pese y a pesar de todo, una relación nos ha llevado a dos extremos tóxicos en nuestras interacciones interpersonales:

El primero. Permitirlo todo, hasta el abuso. Aquí están las relaciones violentas y co-dependientes; dejamos que todo pase, incluso por encima de nosotros, para evitar que la relación termine. 

El segundo. Usamos a las relaciones para medir nuestro propio valor, o lo que es lo mismo, somos en la medida en la que los demás nos valoran; por lo tanto, nos negamos a soltar una relación que parcha un hoyo emocional personal.

Vivir dentro de un extremo u otro es mostrar resistencia a los ciclos que cumplen todas y cada una de las relaciones de nuestra vida; sabemos que no son eternas, pero queremos vivir en la eternidad de lo que nos producen. Lo que nos impide avanzar es la idea del fin. Si nos detuviéramos a observar las relaciones como puntos de evolución, mas no como finales o fracasos, ¿cómo actuaríamos en ellas, y sobre todo, en qué ser humano nos convertiríamos para trascender el fin de ciclo de todas?

Aprender que las relaciones también son ciclos nos libera de la carga que implica “mantenerlas”. No hay tal cuando sabemos que las personas entran y salen de nuestra vida con un propósito; algunas llegan con lecciones, otras como alertas, unas más vienen para acompañarnos. Nosotros entramos y salimos de igual manera de la vida de los demás. Todo depende desde qué lugar lo hacemos. Si operamos desde el amor, personal y para los otros, sabremos qué darnos y dar a ellos, y al mismo tiempo, reconocer cuando un ciclo se cumplió u otro está por comenzar. 

El tiempo y la energía son limitados respecto a lo que absorbemos y lo que damos en cada una de nuestras relaciones. Implican chamba porque para sostener a otros hay que sostenernos primero. Escuchar(nos) más, vivir cada ciclo en conciencia de los valores que aprendemos dentro ¿Nos han hecho valientes, responsables, generosos o todo lo contrario? Un error es creer que de las relaciones se ‘saca’ mucho o poco. Ser un tomador es restarle a la relación. No estamos en una transacción -dar para recibir-; una relación está viva y evoluciona si las partes involucradas están abiertas y dispuestas a llevarla al siguiente nivel. Pero el trabajo es personal. Sólo somos responsables de nosotros, de ser nuestra máxima versión dentro de una relación para alimentarla y crecer con ella. 

Tú no puedes cambiar al otro.

En cada relación que generemos es nuestra responsabilidad cuidar que nos nutra, que nos invite a crecer, a atravesar obstáculos y a trascender como seres humanos. 

Cuando se cumple un ciclo en una relación tampoco significa que nos han dejado o que dejamos a los demás. La evolución pide que vivamos nuestras relaciones de manera cíclica y no sujetas a las reglas. Lo poderoso es entender que no soltamos a los demás, dejamos ir lo que ya no está en comunión con nosotros. Lo mismo cuando la gente se aparta. Es de valientes soltar una relación que cumplió su ciclo ¿Cómo? No hay una manera de irse; a veces la vida sola se encargará de eso; habrá otras en las que tengamos que poner cara y otras en las que nos iremos heridos, pero el propósito es siempre saber hacia dónde vamos.

La gente que va a estar cerca es con la que conectamos. Pero sí es nuestra responsabilidad irnos de los contextos y las relaciones que no nos nutren. No tenemos que sacar a la gente de nuestra vida, debemos ser valientes para irnos de ahí.

“Tienes que aprender a levantarte de la mesa cuando ya no se sirve amor”. – Nina Simone 

Finalmente, como un guiño al liderazgo en las relaciones, si allá afuera hay quienes se identifican como líderes es importante que sepan moverse en sus relaciones no para tener resultados, sino como un ejemplo más de su congruencia como líder. 

Marta Ro 

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5 respuestas

  1. Martha yo viví una relación de pareja muy difícil, tienes razón, no podía dejarlo por que yo no me no me amaba. Hasta que aprendí a valorarme rompí y deje atrás todo. No me importo salirme con una mano adelante o la otra atrás, ahora soy libre y puedo volar con mis propias alas. Gracias, gracias, gracias.

  2. No soltar y no dejar ir o no saber irse, causa dolor, es como estar encadenado, esclavizado, con un yunque que no deja avanzar.
    Dejar ir o irse me parecía como perder algo de mí o dejar de ser yo, ahora veo el crecimiento que me ha dado soltar y entender que todo tiene un ciclo, aceptar eso me ha dado libertad, crecimiento y mucha paz.
    Gracias por mostrarme que “si puedo” cuando así lo elijo.
    Te amo Marta 😘🥰

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