Los ciclos del alma

En el juego terrenal del que somos parte vivimos empeñados en lograr, conseguir, triunfar, conquistar o alcanzar; es en esta dimensión donde se ponen a prueba nuestras habilidades y talentos como humanos. Pero en el plano del alma, esta vida es sólo uno de sus ciclos. 

Nuestra alma tiene memoria. Ha vivido muchas vidas. Ha aprendido junto con nuestros antepasados. Ha evolucionado en las generaciones que nos anteceden. La vida que hoy vive a nuestro lado es uno más de los ciclos evolutivos que atraviesa ¿Cómo sería nuestro paso por el mundo de saber que existimos para apoyar a nuestra alma a trascender? 

El alma no puede culminar sus ciclos si no hay lecciones aprendidas; volverá y retomará el punto una y otra vez -en esta vida o en otras- hasta atravesar lo que le impide evolucionar. Por ello no es casualidad que las vidas en nuestro árbol familiar sean similares o estén marcadas por patrones, son experiencias que el alma no surcó en el pasado y vienen de vuelta para intentar conseguirlo esta vez.

Podemos pensar que toda la misión terrenal es hacer y obtener, pero poseemos un alma que determina también una fracción de nuestra evolución. Es probable que seamos nosotros los encargados de romper viejos ciclos familiares para sanar a nuestro linaje y comenzar un nuevo movimiento a partir de la conciencia personal. Llevamos con nosotros las vidas de siete generaciones previas. Nuestra alma carga lo aprendido u omitido de todas ellas, lo que -indudablemente- forma e informa nuestra evolución en este plano. 

Ser conscientes de que estamos en este tiempo-espacio para trascender a nuestra propia alma nos vuelve responsables de identificar viejas conductas para modificarlas. Somos el punto de partida para llevarla a vivir un nuevo ciclo. Nuestra vida aquí y ahora sólo es un pedazo que cubre el paso de nuestra alma en espera de evolucionar. Si esto es verdad, ¿cuáles son las acciones que estamos dispuestos a hacer para apoyarle en este camino?

El alma nunca muere ni se va; abandonará nuestro cuerpo cuando sea el momento, pero retornará para evolucionar en otra vida. 

Mientras estemos aquí, pongamos la mente al servicio del alma. Que todo lo que nos haga sentir ‘Yo hago’ y ‘Yo soy’ sea para sostenerla y acompañarla en el ciclo que vino a cumplir junto a nosotros. Es nuestra oportunidad, pero también nuestra responsabilidad. 

Marta Ro 

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