No saber cobrar es cultural

Sé que este ‘MIÉRCOLES DE LA MALA EDUCACIÓN’ les va a gustar porque seguro más de uno ha pasado por la etapa ‘No sé cobrar’ ¿Eres uno de ellos? La nombro etapa porque en los mejores casos se supera, pero hay quien vive en una eterna conversación de carencia y no merecimiento que lo deja en el ‘no sé cobrar’ para toda la vida. 

¿Por qué no sabemos ponerle precio a nuestro talento? Entre los mexicanos es muy notoria una cultura de escasez y falta de valía. Ojo. No tiene nada que ver con posesiones materiales o recursos ilimitados, es un clima de poca abundancia que llevamos a todos lados: poquito de todo para que ‘no se gaste’; todo fiamos; aplicamos -y nos aplican- el ‘luego te pago’, el ‘así déjalo’; prestamos algo y nunca nos lo devuelven, etc ¿Les suena? Esto no es inocente, es el reflejo de lo que creemos en nuestra mente y creamos en la realidad, específicamente en la laboral cuando es hora de ponerle precio a lo que hacemos. A qué me refiero. A dos aspectos en particular: cuando cobramos desde el miedo y cuando lo hacemos desde la permisión ilimitada.

Existen quienes cobran temerosos, dudando sobre si será mucho para la otra persona, y si les dicen que sí, ellos se ajustan. Por otro lado, están quienes hacen y hacen y hacen y hacen más, todo por el mismo precio ¿Por qué lo permitimos? Porque la conversación dominante es: no valgo, no merezco, y no quiere decir que todos los días se digan esto, pero sus acciones hablan ¿Ponen a los demás siempre antes que ustedes? Seguro cobrarán menos; ¿dejan que los demás abusen de su tiempo? Seguro cobrarán menos ¿Lo ven? En ambos casos, además de abuso, hay un no respeto por ustedes y por lo que hacen. Tengan claro esto: hasta que ustedes no sientan que valen, nunca aprenderán a pedir lo justo por su trabajo. 

No saber cobrar tiene todo que ver con poner límites ¿Hasta dónde son capaces física y mentalmente para realizar ese trabajo o uno extra? ¿Están siendo honestos con su propio recurso humano? Y hacia afuera, se vale -y es sano- decir: ‘hasta aquí’; ‘eso no forma parte del plan’; ‘eso es un extra’, etc. Los límites son de ustedes con ustedes y con los externos. El tiempo es el recurso más valioso, y debe ser parte de sus cotizaciones. Súmenle tiempo, creatividad y pasión a esos números. No intercambien su tiempo por más dinero, nunca es rentable.

Lo más importante es reconocer de lo que somos capaces en todo aspecto, humana e intelectualmente. Cobrar bien habla de la abundancia de la que se rodean. Decían en mi casa: el que poco pide, nada merece.

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